martes

Instinto gregario

Se podría prever, las opciones serían más limitadas y el resultado, seguramente, tal vez, claro, más certero. Hay 'todos' que lo hacen, dicen. Pero no, en este caso, en algo que busca en el encuentro la fuga, parece que se prefiere el azar, la posibilidad de no elegir sino que, así, como por arte de magia, se elija y que el final quede sujeto a ese azaroso orden y, lo mejor, es que el resultado no pierde esa certeza. Porque hay un orden de las cosas, o eso se dice, viste, pero no es un orden prefigurado como las posiciones de las piezas en un tablero de ajedrez, es un orden completamente impredecible. Los días no importan, tampoco los nombres ni lo que haya que hacer. Puede que uno ande por acá y otro por allá, o puede que estén en el mismo lugar, eso da igual. La idea es no dejar de ser parte. Es un todo que sabe resolverse, que avanza sin miedos porque la fuerza está ahí, en ese todo. Es un todo que pierde las particularidades, la individualidad, pero, a la vez, esas mismas se fortalecen, se multiplican, se regeneran en el interior de ese todo. Y en vez de perderse, se visualizan por demás. Es difícil traducirlo, pero es eso: azar, certeza, todo y cada parte. Por eso se logra el equilibrio, la permanencia en el tiempo. Las bajas existentes son parte de ese equilibrio, son bajas temporales, al tiempo vuelven o volverán, cuando el equilibrio lo requiera. O no. Las subas, se dan de la misma forma. En eso consiste, viste. Para eso están: para diluirse ahí y que la rutina se vaya tejiendo en lo efímero del tic tac o en el pasar de los días. Hay quienes dicen que eso nos surge por instinto, por instinto gregario le dicen. Otros les dicen amistades, así, a secas. Y con eso viven, crecen, son.

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