sábado
En la rotonda
Te había dicho que no, que no era bueno meterse en esa rotonda, y vos encaraste igual, y nos metimos. Y ahora, ¿cómo se sale de acá? Lo más raro de todo esto es que a vos te encanta estar dando vueltas por la rotonda, parece que estás segura por dónde salir, aunque no salgas. Pocas veces vi una rotonda con tantos caminos como salidas. Ya dimos tantas vueltas que no me acuerdo por cual fue que entramos, y como no soy de acá, no sé por dónde se sale, y no paramos de darle vueltas a esta rotonda que me marea. No hay ningún cartelito que me indique nada, y te pido a vos que me digas por dónde salgo y lo único que sabés decir es que no sabés, mientras te reís y sos feliz dándole vueltas y más vueltas a esta rotonda. No quiero detenerme a mirar tu impresionante tranquilidad, porque me desespero. Es increíble que no quieras salir de esta rotonda. A esta altura, ya creo que vos sabés cuál es la salida, y solo nos estás haciendo perder tiempo. Me distraés con todo lo que hablás constantemente, tanto me distraés que no sé qué decir a veces, porque me pierdo, además de estar mareado de tanta vuelta. ¡¿Dónde está la salida?! Y no me respondés, y te reís, y seguís haciendo todo lo posible para que yo no pueda salirme solo por cualquier camino. A la vez, es como que tenés miedo de que me pierda solo en alguno de esos caminos, pero entonces, ¿por qué no me decís cuál es el camino por el que puedo salir y salimos los dos? Es la única manera de que los dos estemos tranquilos, porque no creo que vos estés tranquila nada más que en esta rotonda, porque te he visto tranquila en otros lados también. ¿Qué por qué no me voy solo? Es que no quiero andar perdido por ahí, y tener que preguntarle a extraños por dónde sigo. Sé que en algún momento, tus ganas de hablarme, de reírte y de marearme, y el combustible, se van a acabar y vamos a tener que salir de esta rotonda de una manera u otra.
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muy bueeeeeeno
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