domingo
La foto
Una foto cortada a la mitad. Cortada con la mano, a lo bruto. O a lo bruta. Como arrancada una parte de la otra. En medio de una plaza, cerca de un banco. Es fácil imaginarse la situación. Una pareja hablando, llanto. Tal vez gritos. Uno de los dos se levanta y se va, sin volver a mirar para atrás. Quizás el que llora, o pudo haber sido el otro. O quizás lloraron ambos. Quien haya quedado en el banco, lloró seguro, sí. Sacó de su bolso una foto, la miró como nunca antes. La miró y recordó. La miró y quiso reír, pero no dejó de llorar. La miró con amor y con odio, con bronca y dolor. Con un grito atravesado en la garganta. La foto en sí, era un grito en su memoria, o en el obligado olvido, o en la esperanza del final sin vuelta. La foto entera, tal vez podía ser todo eso. La foto por la mitad, era peor. Era un reflejo del odio, de la bronca, del llanto, del dolor. Todo junto y sin vuelta atrás, sin esperanza mediante, sin futuro. Un momento quebrado, una realidad bifurcada.
O no.
La situación pudo haber sido otra. Una vecina de por ahí encontró esa foto entre sus cosas viejas, no recordó de dónde salió y la cortó con sus manos, por inercia no más, por esa manía de romper las cosas que son para tirar. Las cosas viejas molestan, pensó, tengo que ordenar, tengo que limpiar, se dijo, y encontró esa foto, la cortó y la tiró. La metió en una bolsa. En una que tenía comida, otros papeles, paquetes de fideos vacíos, un rollo de papel higiénico sin papel… basura, en fin. La metió en la bolsa y la sacó. Un perro la rompió y el viento, tan fuerte en esta época, se llevó algunas de esas cosas.
Y la foto voló. O más preciso, esa mitad, dejando la intriga a quien la encuentre tirada en una calle cualquiera de saber si la mitad faltante era un amor, un hermano, un perro o la soledad.
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