lunes

Verborragia


La verborragia de decir y no parar, de hablar sin filtro, de desnudarse, descubrirse. La verborragia de la cena o del almuerzo, o de inventar comidas para hacerlo. Hacer todo en función de lo mismo: la verborragia. Verborragia de la ebriedad de sentir, de pensar, de desear. Verborragia de querer siempre más, verborragia que no alcanza (nunca alcanzan las palabras). Verborragia de mirar, de soñar, de dudar sobre lo que es o lo que será o lo que puede ser en función de lo que fue. Verborragia de pasado, de tiempo perdido, de historia desecha (o desechada). Verborragia de creer, y volver a creer, y volver a creer. Verborragia de alegría, rebosante de verbos, de adjetivos positivos. Verborragia con las manos, verborragia con el cuerpo entero, con esas frases, esas canciones que dicen, que hablan, que se hacen carne, aire, aliento, suspiro. Verborragia de no entender, de preguntar al espejo, a los otros, al que supimos ser o al que seremos. Verborragia de papeles, verborragia de tanto, de mucho, de excesos del decir. Verborragia de biblioteca repleta de libros, repleta de historias, repleta de ensayos, cuentos, novelas, poesías, repleta de realidad y de ficción. Verborragia de un sueño que no soltamos, de un llanto que ya no duele, de palabras que son caricias. Verborragia de un diario impreso, de un portal virtual, de una radio que no se calla, de una pantalla que no se apaga. Verborragia del silencio, del desgarro, verborragia iracunda, violenta, verborragia como un grito. Verborragia de mí, verborragia de vos, verborragia de todos. Verborragia de sonrisas, de brillo en la mirada, de piel erizada. Verborragia al teléfono, verborragia que no cesa. Verborragia que, entre esa misma verborragia, intenta esconder lo sencillo, lo simple, esas dos o tres palabras que harían falta. Verborragia, que no es más ni menos que eso: palabras enredadas que someten sentimientos, ideas, deseos. Verborragia como fin en sí mismo, como impulso liberado o futuro incierto. Verborragia que habla y no para de hablar, porque todavía hay tanto para decir, tanto para no soltar, tanto por escuchar.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario