martes

Confesión de un oyente

Me da vergüenza contarte que hoy me dejaste escuchando a Juana Molina. No por la propia Juana, claro, ella no tiene nada que me dé vergüenza. Hace un tiempo la conocí con un Encuentro en el Estudio, y hoy me acordé de eso y de que me había gustado su perfil, sus canciones, sus formas tan... tan... tan Juana Molina, pero no la había escuchado más allá de esa vez y unos días más. Canta bajito, viste, su voz no raspa, al contrario: acaricia. Una guitarra simple, unas teclas, otras cuerdas, algo de batería. Todo bajito, viste, eso me gusta. Y esos loop, como se le dice, que repiten, que arman una textura de fondo, que entrelazan esos instrumentos y voces de ella, acariciando en varios niveles. Y es ella con esos pedales y algo más, poniéndose en un primer plano texturado con todo eso, y ella parece querer cantar escondida, como una nena que juega a las escondidas... Te decía: no me da vergüenza por Juana, claro. Me da vergüenza porque no sé cómo tomarás vos saber que me dejaste escuchando a Juana. Mirá si te molesta que yo esté ahí -o mejor dicho: acá- escuchándote y diciéndote que te estoy escuchando, de lejos. Mirá si te jode que yo haga esto de escucharte cada vez que puedo, porque ahora es al mediodía, pero antes era a la mañana y también. Mirá si te asusta, si me ponés en la casilla de obsesivos o perversos y me prohibís en los mensajitos de la radio. Aunque no creo, no. No creo porque vos sabés que yo estoy del otro lado: o al menos, cualquier persona que hace radio sospecho que sabe que hay alguien del otro lado. Y a la vez ya he dicho que qué buen programa, que se nota que tenés ganas de decir cosas porque oh, cuánto hablás, y te reís, y yo también, porque te escucho y sospecho que te estás riendo de algo que pasa ahí adentro del estudio con la otra voz que te acompaña, o con las manos que ordenan la consola, o con la producción y el 4440361. ¿Sabés que a veces me gustaría llamar para decir algo? Sí, pero no. Nunca sé qué diría. Ni siquiera para pedir un tema. ¿Quién llama a las radios ahora? Nadie. Las viejas que están aburridas en su casa, tal vez. O no, ni siquiera. Por eso está bueno que pueda mandar esos mensajitos diciendo esas cosas. El mensajito es el rescate de los oyentes: ya nadie quiere hablar por teléfono, ahora nos escribimos. No es más "te llamo", sino "te mensajeo". Qué sé yo, yo prefiero. Pero lo cierto es que hoy no te escuché. No sé si te reíste, si dijiste algo que podría haberme hecho reaccionar de alguna manera, si hablaste mucho o poco, si estabas triste, cansada o muy feliz. La voz dice todo eso cuando le prestás atención y la tuya es muy expresiva. De hecho, ni siquiera sé si estuviste al aire hoy, y eso que venía siendo casi un oyente ejemplar: de principio a fin, cada programa. Pero hoy no, no llegué a escuchar nada. Nada más que esa canción de Juana justo a la hora del cierre que dice eso de que los tomates ahora no son tan ricos, porque les pusieron qué sé yo qué gen maldito, y sálvese quien pueda, quien pueda que se salve, justo cuando sintonicé el dial ahí, en donde al mediodía aparece tu voz para que alguien como yo, desde acá, desde lejos, te escuche y se quede pensando que algún día tendría que decirte que hoy me dejaste escuchando a Juana Molina, como otras veces han sido otros cantantes, otras bandas, otras cosas, aunque me dé vergüenza. O no: mejor seguir -desde acá, desde lejos- haciendo de oyente que, salvo por hoy, suele salirme bastante bien.



No hay comentarios.:

Publicar un comentario