Mañana
me vestirán con cenizas al alba
me llenarán la boca de flores.
Aprenderé a dormir
en la memoria de un muro,
en la respiración
de un animal que sueña.
Sombras de los días por venir, por Alejandra Pizarnik
Ella. No tiene nombre. O, al menos para ella el nombre nbo importa. Siempre te molestó que un nombre sea más que un hecho, un momento, una historia. “Las grandes novelas son anónimas”, dice. Nombres. ¿De qué valen los nombres? ¿de qué vale grabarlo, vistoso, , si solo es un nombre? No vivimos para dejar el nombre, repite, una y otra vez, vivimos para hacer algo, o nada, o todo. Ella rebusca el porqué de las cosas y para todo tiene un ‘pero’. Descree del mundo pero lo vive, lo siente, y le duele todo el tiempo. Hace ya arios años que no usa espejos en su casa, prefiere mirar en sus diarios personales, en sus papeles escritos. Le teme al tiempo, pero habla de un mañana. Todo será mañana. Habla con tristeza, con nostalgia de lo que sueña, pero esconde esperanzas. Le gusta estar sola, mirar por la ventana, caminar por las plazas, mirar la ciudad, a los otros. Se mira a ella, y se siente como otro. Camina, mira, escucha, pero no dice. O dice muy poco. Las arrugas la han ido enmudeciendo. Muchas veces se sienta a pensar en cómo la recordarán ¿Recordarán su nombre? Busca respuestas que nunca la convencen. El mundo le duele. A veces menos, y sonríe. A veces le duele más, y llora, y escribe, y se esconde. Se acuerda de las escondidas en la primaria y sueña con el mundo feliz, el de los recreos y las golosinas, el de jugar todo el tiempo, el de no saber lo que es sufrir. Antes de dormir, una lágrima se le cae. Sabe que una noche no va a tener mañana.
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