Te digo que te amo, me decís algo lindo, te dejo un comentario en tu muro, me respondés con una canción, te escribo una nota, como esta, me invitás a un grupo privado, nuestro, para que tengamos privacidad. Así pasaron los días, meses… el tiempo. Y nos encontramos sintiendo la ansiedad de conectarnos para ver si tenemos alguna nueva notificación que nos involucre o chatear un ratito, al menos. Quizás parezca exagerado o creerán que deliro, pero es una sensación hermosa hacer clic en el mundo de las notificaciones y ver que me dejaste algo en mi muro o en el tuyo, o en alguna parte de este lugar (¿o no se puede llamar lugar al Facebook?). Siempre me recordás que no nos conocimos en Facebook sino en el MSN, y esa ansiedad que teníamos todos los días de esperar que aparezca la ventanita en el rincón de la derecha abajo en la pantalla diciendo que “Sofía ha iniciado sesión” fue la que marcó nuestros primeros pasos juntos. Así nos conocimos y no creías mal que avancemos en conjunto con la tecnología. Finalmente, lo hicimos y acá estamos, teniendo una relación en Facebook.
Asusta un poco, a veces, cuánto nos conocemos. No son las mismas palabras las que usás cuando te enojás por algo (tal vez que no me conecté a horario o que no respondí alguna de tus frases, que no subí una foto mía o que no dije nada de la tuya), que las palabras que usás cuando estás feliz. O las canciones que subís, o las noticias que compartís, o los silencios de chat que generás, o las épocas en las que nos damos toques sin parar, excitados, o eso de poner Me gusta en las publicaciones o comentarios de otras en mis cosas. Eso me hace reír, lo sabés, también lo he hecho. ¿No te sorprende la fuerza que tiene el Me gusta en estos tiempos?
Pero hay algo que me inquieta, y es el olor o, mejor, su ausencia. Porque antes, dicen, era diferente, viste, la gente se acercaba, se acariciaba, se tocaba, se abrazaba, se hablaba al oído, y se olía. Ahora, mirar tus fotos o videos, seguirte en todo lo que decís o hacés, por acá, claro, por Facebook, darte un toque, que es como acariciarte pero con miedo o timidez, ponerle Me gusta a tus cosas, tus sonrisas, tus palabras, tu forma de manejarte en esta virtualidad, es lindo y siento que nos resuelve algunas de las cuestiones que antes se daban. Pero ahora ando sintiendo que nos falta ese no sé qué o ese qué se yo, eso que nos haga sentir un poco más al lado.
Ya no te pido caminar por ahí, de la mano, o cantarte una canción para que te rías; andar juntos en la bici o tomar mate de la misma bombilla; sacarnos fotos o cocinarte; escuchar el mismo disco, tirados en el piso, o jugar con el perro en la plaza, o leerte un libro que saquemos de nuestra biblioteca. Y quizás no me inquiete para siempre y sólo sea cumplirme este capricho de hoy, de querer reconocerte en la oscuridad sin palabras ni toques de por medio, sino tu olor y el mío. Sentirlo cuando entro a casa o a mi pieza, en mi ropa, en las sábanas, cuando apoyo la cabeza en la almohada, cuando cierro los ojos y me duermo al lado tuyo. A la pantalla le falta eso y no sé si quiero que algún día nos dé la posibilidad de olernos estando cada uno en su escritorio.
Empecemos con probar un día, no más, y vemos cómo sale. Vos dirás. Espero que sepas perdonarme, o entenderme, estos resabios de materialidad que de vez en cuando me agarran. Respondeme por privado, que me da un poco de vergüenza.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario