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Carta abierta al verano

El constante sudor que pegotea la ropa y los pelos, la inmovilidad del aire, la capacidad de superar cada uno de los obstáculos que creamos como especie y sus formas de operar en las redes de energía y agua corriente, demostrando su evolución sin límites, son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión con el máximo repudio a su anarquía, a su desgobierno, que avasalla la decisión de las mayorías de vivir sin tener que sufrir y decir “qué calor, laputamadre” en forma de introducción ante cada persona con la que nos cruzamos.
La primera voz noticiosa que describe su llegada como una mera aparición antes de que el calendario lo llame, como un mal momento que habrá que esperar a que termine, como una pequeña prueba de que las temperaturas finalmente cambiarán, ha motivado un estricto balance de su accionar donde lo que llaman difícil momento, es una realidad constante, lo que describen como indicios, son hechos públicos y lo que prometen como proximidad de su llegada, es violencia pura y exclusiva de 24 hs. durante los próximos meses.
Año a año, el 21 de diciembre era la fecha que corresponde para su llegada. Pero este año, una vez más, se adelantó a entrar con sus rayos mortales de sol al mediodía, calentando el asfalto listo para freír huevos, haciendo lento el paso del tiempo en el último mes de un año que pasó volando. Ha Ud. derrocado a la primavera, a cuyo desprestigio colaboró reteniendo los días soleados y los Celsius, adelantando con violencia su entrada por sobre una temporada que tenía fecha de vencimiento para varios días más tarde. En esa perspectiva, lo que ha liquidado no fue una estación ni un ordenamiento de cuerpos celestes en el universo, sino la posibilidad de un avance progresivo donde el pueblo pueda prepararse para los males que Ud. continúa y agrava día a día.
Más de 30 de térmica a diario a las 8 de la mañana. Superación día a día de grados. Cientos de casas sin luz o sin agua. O sin ambas. Miles de piletas que tardaron en terminar de armarse y llenarse. Millones de ruedas y suelas que se gastan más rápido de lo que deberían por el calor del asfalto. Cientos de miles que sacan cuentas, entre el aumento de la próxima factura, de los precios en los locales y no saben si comprar e instalar aires acondicionados hasta en los baños. Un mercado incalculable en pesos debido a la promoción permanente de ese tipo de electrodomésticos, pero más de ventiladores, repelentes, bebidas, helados, vestimenta liviana, turismo express en busca de agua, entre otros, son algunas de las cifras que en tan poco tiempo han marcado variados récords, junto con las variables de aumentos del nuevo gobierno, estricto aliado al sufrimiento temperamental constante.
Heladeras que no dan abasto, cervezas que nunca llegan a estar bien frías, ventiladores que no encuentran aire para remover. Los perros no saben ya en qué sombra esconderse o en qué charco zambullirse: todo está caliente. Plantas y árboles resecados y deshidratados. Funcional a los mosquitos y sus enjambres, multiplicó la paranoia de enfermedades circundantes: el dengue ya parece ser una moda. Transportes públicos colapsados de gente que no se puede despegar entre sí para bajarse. Características de un tiempo que alteró la vida mundana, por aparecer sin tregua y disponer del dominio de todo el territorio nacional.
Si una propaganda abrumadora, reflejo deforme de hechos agobiantes, no pretendiera que este verano procura el reláx, que el sol defiende y genera vida o que las vacaciones serán de pleno goce, aún cabría pedirle a Ud. que meditara sobre el infierno al que somete al país tras la ilusión de traer una alegría que, aún si existiesen personas que disfrutan más esto que el crudo invierno, no hace más que dificultar la armonía social, porque las causas que desde siempre movieron a la humanidad se frenan ante la ineficacia de su propia defensa del calor y revelan el caos que hace eco en las pantallas, en las esquinas y en las bocinas en las horas pico.
Estas son las reflexiones que a menos de dos meses de una de sus peores intervenciones en los últimos 13 años, he querido hacerle llegar, sin la esperanza de bajar siquiera un par de grados, con la certeza de seguir sufriendo por largos días, pero fiel al compromiso que asumí hace algunos tiempos de intentar dar un débil testimonio en estos días imposibles: se está yendo al carajo.

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