jueves

Ir sabiendo que volvés

"¿Cristina o Macri?", nos preguntó uno de los primeros cubanos que nos recibió en su casa. Igual que un profesor de beisbol en la caja de un camión, un feriante en el Vedado de La Habana, un militante del M26-7, una mujer en una librería, un ex director técnico de la selección de básquet nacional en Santiago y una vecina que nos consiguió casa en Baracoa, Roberto y Marta en Santa Clara, y toda lafamilia que nos recibió en Viñales, sin saber que los pasajes los sacamos cuando todavía -algunos- pensábamos que Scioli ganaba en primera vuelta. También entendimos esa pregunta en los informativos, en los periódicos Granma o Juventud rebelde, preocupados por nuestro presente, que también es el suyo, porque las noticias que ahora llegan de Argentina no se encolumnan entre las buenas, como las de Venezuela o las de Brasil. No es fácil, dicen, con un gesto con las palmas de sus manos. Iá tu sabés. Dímelo.

Más o menos nos fuimos manteniendo al tanto así o con el contacto que tenían los chicos (no yo, por las vacaciones que se tomó el celular que se me rompió antes de volver). Pero a la vez queríamos vivir, sentir, andar por esa Revolución que tanto leímos, estudiamos, celebramos, bancamos. Nos metimos en cada rincón que pudimos y anduvimos a caballo, en máquina, en camiones, en guaguas por dentro y por fuera de las ciudades. Y conocimos sus ganas de hablar, de conocer un pueblo crítico, abierto, sensible, la solidaridad en las comidas compartidas o en los arreglos que nos hacían por teléfono de pueblo a pueblo, en el baile de las noches de trova o reggaetón o rón, en los regateos por cualquier cosa, en el medio de algún campo o de una playa o de una plaza o de una sierra o de una cueva o en los libros que fueron sumando kilos a las espaldas.

Saben de pasarla mal, de ir a un mercado y que la respuesta sea "no hay", de rasquetear entre las almejas para morfar, pero saben también que si sos médico o maestro tu misión puede ser ir a algún país de África o de Nuestra américa, porque solidaridad sí hay, y hubo, y habrá. Saben que la han pasado mal como que ahora la están pasando mejor. Saben que no depende de Fidel, porque "habemos muchos Fidel" en el pueblo. Saben que hacen falta cambios que están llevando adelante con certezas e incertidumbres, pero saben que ese cambio no es volver a ser colonia de nadie en uno de los pocos países que -a pesar de tanto intento- no fue intervenido por los yanquis en los últimos 57 años. Saben que falta organizar varios aspectos, pero también que tienen un 52 por ciento del PBI destinado a educación y salud. Saben que con el Moncada no alcanzó para dar vuelta todo, pero saben que ahí empezó todo seis años antes, con un trabajo sin prisa pero sin pausa y que en algún sentido la tarea es crear "uno, dos, muchos Moncadas".

Terminó, sí. Y entendimos esa pregunta que atravesó la travesía -"¿Cristina o Macri?"- como entendemos que la contradicción de nuestros pueblos siempre fue "pueblo o imperialismo", que es lo mismo en sus palabras. Ya estamos de vuelta, ya vendrán los asados, las juntadas, las charlas. No alcanzamos a bajarnos del avión para sentir que acá está todo prendido fuego, como también se ve hoy por las rutas y por acá en facebook.

Y como no sé si fue primera y última vez por nosécuántos años arriba de un avión, con la promesa de las verdaderas fotos, adorno un poco esta red con esta con el sol cayendo desde arriba de las nubes.

Volvimos, sabiendo que vamos a volver en unos años: seguro que al gobierno, y ojalá -como dice Silvio- que también a la Isla en la que queríamos quedarnos.

Ah, de paso, porque todo tiene que ver con todo: un gobierno no puede aguantar quitando libertades. Aguante Milagro Sala y la Tupac.

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