A
saber:
el jabón sin pelos, el orden de los libros en los estantes, el mate de madera no se lava, las puertas abiertas de los medidores en las veredas se cierran, los ceniceros sin colillas, el porro no se chupa, la ropa y las mochilas no se reparten por todas las sillas, no inventemos el cajón de todas las cosas, el papel levantado de la calle se tira en un tacho, la canción no se corta a la mitad, los discos se escuchan en orden porque el random no, por favor no.
Eso te lo dije siempre: manías tuve, tengo y tendré.
el jabón sin pelos, el orden de los libros en los estantes, el mate de madera no se lava, las puertas abiertas de los medidores en las veredas se cierran, los ceniceros sin colillas, el porro no se chupa, la ropa y las mochilas no se reparten por todas las sillas, no inventemos el cajón de todas las cosas, el papel levantado de la calle se tira en un tacho, la canción no se corta a la mitad, los discos se escuchan en orden porque el random no, por favor no.
Eso te lo dije siempre: manías tuve, tengo y tendré.
Crecen conmigo y mis cosas. Como el escurridor de plástico, donde los cubiertos deben ir con las puntas hacia arriba y los vasos siempre boca abajo. O el papel higiénico, en su periódica y necesaria renovación, debe quedar con la caída hacia adelante, como corresponde. Crecen y se meten en cada detalle.
Se suman las Mayúsculas Al Pedo, los mensajes sin acentos, las palabritas a lo maestra jardinera, los que van a la facu o al hospi o a los lugares de las palabras sin terminar, las comillas mal puestas y las adicciones a las comas o los adverbios, los titubeos evitables, los ruidos nerviosos del que está al lado, los rezongos, los chistidos irrespetuosos del silencio ajeno, que para hablar no hace falta gritar. Y también la bandeja de entrada inundada de correos, el visto no se clava, las mentiras que no se piensan, las uñas largas, los pero por el pero mismo, las fotos fuera de foco y a veces también las llamadas por las llamadas mismas. Qué sé yo, las tengo, están ahí, pero soy portador sano.
Igual, no es eso lo que te quería decir, porque eso ya lo sabías. La manía que nunca te comenté es la que evidencio a diario: la que me hace decirte te quiero así, de esta o de cualquier otra manera que no sea sólo con esas dos palabras.
Se suman las Mayúsculas Al Pedo, los mensajes sin acentos, las palabritas a lo maestra jardinera, los que van a la facu o al hospi o a los lugares de las palabras sin terminar, las comillas mal puestas y las adicciones a las comas o los adverbios, los titubeos evitables, los ruidos nerviosos del que está al lado, los rezongos, los chistidos irrespetuosos del silencio ajeno, que para hablar no hace falta gritar. Y también la bandeja de entrada inundada de correos, el visto no se clava, las mentiras que no se piensan, las uñas largas, los pero por el pero mismo, las fotos fuera de foco y a veces también las llamadas por las llamadas mismas. Qué sé yo, las tengo, están ahí, pero soy portador sano.
Igual, no es eso lo que te quería decir, porque eso ya lo sabías. La manía que nunca te comenté es la que evidencio a diario: la que me hace decirte te quiero así, de esta o de cualquier otra manera que no sea sólo con esas dos palabras.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario